Santuario de Madrid, Serrano
26 de septiembre de 2023
Queridas familias federadas, queridos amigos:
Unas líneas para compartir con vosotros que dejo mi tarea de encargado de la fundación de la Federación de Familias de España.
Después de un tiempo de discernimiento llegué a la conclusión que mi tiempo en este encargo oficial ya tenía que terminar. Una decisión que surge desde una profunda experiencia de agradecimiento por todo lo que hemos vivido juntos en estos años, fruto de la gracia del Señor, de las bendiciones del santuario y de vuestra generosidad y confianza para ir construyendo una comunidad con vocación de servicio apostólico y espíritu familiar, la Federación apostólica de familias de España.
En estos años me he sentido muy en familia, compartiendo y haciendo mías vuestras alegrías y vuestras penas. Luces y sombras que confirman que la vida que tenemos es real y auténtica. Una vida que, viniendo del Padre Dios, hemos hecho nuestra.
Hemos recibido y consolidado matrimonios que anhelan acompañar al Señor de la mano maternal y educadora de María en el camino de la vida, cumpliendo la voluntad del Padre, respondiendo al llamado a la santidad matrimonial; así han surgido nuevos cursos y otros veteranos han ido madurando hasta renovar dicha Alianza de federados para siempre. Hemos sido audaces para formular el camino de santidad de la Federación en España al definir la voluntad de Dios con nosotros en el ideal que será fuente de gracias y motivación para nuestra identidad común y trabajo apostólico: “A la sombra del Santuario, un corazón con María, fiel y alegre, para sembrar vida”.
Sin duda que la fe de los matrimonios fundadores ha formado esta generación que hoy se puede considerar también fundadora, responsable por la vida que sigue madurando y siendo fecunda en la Federación. Mi gratitud especialmente por poder compartir esta fe generosa que ha moldeado mi sacerdocio. Gratitud por esa oración que me sostuvo cuando el Señor me privó de mi propia oración sacerdotal y de las eucaristías durante las semanas de hospital. La cruz de la unidad que os entregué al reencontrarnos en el santuario de Pozuelo simbolizaba esta realidad. Vuestra oración fue mi oración.
Hemos compartido el dolor profundo de perder hermanos que nos preceden en el encuentro definitivo con el Señor, José Antonio e Ignacio, y que nos acompañan e interceden por nosotros desde el corazón del Padre, lo que hace que ese dolor haga realista nuestra esperanza. Perder amigos y hermanos en la Alianza duele y mucho, pero también fortalece nuestra fe al acompañar el duelo de sus familias haciéndolo propio. Nuevamente el testimonio de la comunidad, especialmente de los cursos, muestran que más allá de nuestras debilidades, somos una comunidad que madura en el amor abnegado y fraterno, signo de que estamos anclados en el corazón de Jesús. Milagros como los vividos en la enfermedad de algunos hermanos, esperando contra toda esperanza, hacen que seamos el corazón fiel y alegre del que hablamos en el ideal.
Trabajar con vosotros me ha renovado en mi vocación de servir a la fundación de Schoenstatt en la Iglesia española y al servicio de la fe de nuestra gente, mi anhelo más profundo. La Federación, comunidad adulta y madura, es órgano esencial para que Schoenstatt sea Familia que sirve con la humildad de María y la entrega de Cristo. Una familia que como el buen samaritano, sea valiente para atender a los que nadie atiende y que están “al borde del camino”. Muchas gracias.
Y junto a mi gratitud, mis disculpas. Me conocéis bien, nunca pretendí ser lo que no soy. La autenticidad honesta y veraz unida a la humildad de María siempre por conquistar en este hijo suyo, marcó y marca mi vocación. Y en ésta mi manera de ser, y más allá de la autoeducación, es con la que Dios cuenta para que pueda trabajar y aportar; y eso es lo que siempre os quise entregar, pero es claro que he podido fallar, en el discernimiento, en la ejecución y en las reacciones y os he podido molestar, incluso hecho sufrir. Vuestra comprensión y perdón me hacen fuerte.
Para terminar, mi compromiso interesado con vosotros. Mis aportes al capital de gracias para que desde vuestros matrimonios, familias y cursos siga surgiendo la vida, las corrientes de vida de santidad, que os haga ser la Federación que “siembra”. Sin tareas ni cargos oficiales en Schoenstatt, pero comprometido con la Alianza con María, fraterna y solidaria, en el mejor estilo federado.
Mi propósito era no extenderme en esta carta, en “estas líneas”, ser conciso, pero por aquello de ser “gas noble” que se expande, según la descripción que me hizo uno de vosotros, y que me gustó porque es signo de un corazón como el que nombramos en el ideal, me hace sentir más libre para compartir estas cosas con vosotros en el momento de la despedida.
Permitidme terminar rezando con vosotros la oración de Alianza de la Federación
“A la sombra del santuario, Tú nos llamas y congregas como hijos predilectos del Padre. Allí nuestros corazones se inscriben en el tuyo, y, con la alegría de sentirnos instrumentos, ponemos nuestro ser y actuar a Tu servicio.
A la sombra del santuario, nos amas y confías la misión de nuestro padre. Tú nos educas como simiente que arraiga y penetra en el corazón de los hombres para conducirlos a Ti.
A la sombra del santuario como un solo corazón generoso y fecundo nos consumimos por tu Reino para despertar vida.
Audaces en el riesgo, permanecemos fieles, recorriendo los caminos al encuentro de Jesús, Amén.”
Con mi bendición en el santuario para todos y cada uno.
Vuestro P. José María

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