Comienza el Adviento, tiempo de esperanza, de preparación y de anhelo, y termina el “Año de San José”. Queremos aprovechar este tiempo santo para pararnos y dejarnos hablar por el Espíritu Santo, para discernir su voluntad y llenarnos de su fuerza.
Como todos sabéis, el próximo día 11 de diciembre celebramos nuestro Retiro de Adviento, que tendrá lugar en el Santuario de Pozuelo desde las 10:00h hasta la Eucaristía de las 17:00h.
Para preparar la venida del Salvador qué mejor manera que hacerlo este año especialmente de la mano de San José, aprendiendo de él cómo esperó y acogió al Niño Jesús.
Para ello, queremos fijarnos en alguna de sus virtudes, descritas por el Papa Francisco en su Carta Apostólica “Patris Corde” Hoy hablaremos de su acogida.
La acogida
José acogió a María sin poner condiciones previas. Confió en las palabras del ángel.
Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge y asume la responsabilidad. Y ´solo a partir de esta acogida, Dios puede escribir una historia más grande.
José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Sólo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia.
Como Dios dijo a nuestro santo: «José, hijo de David, no temas» (Mt 1,20), parece repetirnos también a nosotros: “¡No tengáis miedo!”. Tenemos que dejar de lado nuestra ira y decepción, y hacer espacio —sin ninguna resignación mundana y con una fortaleza llena de esperanza— a lo que no hemos elegido, pero está allí. Acoger la vida de esta manera nos introduce en un significado oculto. La vida de cada uno de nosotros puede comenzar de nuevo milagrosamente, si encontramos la valentía para vivirla según lo que nos dice el Evangelio. Y no importa si ahora todo parece haber tomado un rumbo equivocado y si algunas cuestiones son irreversibles. Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas.
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