Los siete matrimonios del 6.º curso de la Federación de Familias de Schoenstatt dieron un nuevo paso en su camino al sellar su Primera Consagración. Lo hicieron rodeados de sus hijos, de sus familias y de quienes han acompañado su recorrido. Una celebración profundamente familiar en la que dos palabras sencillas expresaron mucho más de lo que parecía: «¡Aquí estamos!».
Hay momentos que, vistos desde fuera, pueden parecer apenas una fecha más dentro de un camino de formación. Pero quienes los han vivido saben que hay días que marcan un antes y un después. Para los siete matrimonios del sexto curso de la Federación de Familias de Schoenstatt en España, su Primera Consagración ha sido uno de esos días.
Llegaron al Santuario acompañados de sus hijos, de sus familias, de quienes han compartido con ellos estos años de camino. Había nervios, emoción, papeles entre las manos, alguna mirada cómplice entre marido y mujer. Había niños entrando y saliendo, canciones, abrazos, alguna pequeña distracción inevitable —y maravillosa— cuando se celebra algo en familia. Y quizá precisamente por eso todo hablaba tanto de lo que somos. Porque la Federación no se vive al margen de la vida. Se vive en medio de ella. Se vive entre matrimonios, hijos, trabajo, cansancios, alegrías, decisiones, dificultades y proyectos. Entre todo aquello que constituye una familia real. Y es precisamente esa vida, con todo lo que trae consigo, la que un matrimonio pone en manos de María cuando decide avanzar en este camino.

Un «sí» que se ha ido preparando poco a poco
Nadie llega a una Primera Consagración de un día para otro. Antes ha habido encuentros, conversaciones, formación, oración y vida compartida. Ha habido tiempo para conocerse como curso y también para descubrir qué significa pertenecer a la Federación. Y, sobre todo, ha habido camino matrimonial. Porque en la Federación el protagonista no es cada uno por separado. Es el matrimonio. Dos personas que un día se eligieron y que vuelven a preguntarse cómo quiere Dios servirse de su amor, de su hogar y de su familia. Por eso emociona especialmente contemplar a siete matrimonios dando juntos este paso. No porque hayan llegado a ninguna meta. La Primera Consagración no es un punto final. La formación continúa y queda todavía mucho camino por recorrer. Pero sí es una decisión consciente de seguir avanzando y de hacerlo ya dentro de la Federación, incorporándose formalmente a sus comunidades.
Es decir: esto queremos vivir. Aquí queremos estar. Este es el camino que queremos seguir recorriendo juntos.
«¡Aquí estamos!»
Hay dos palabras que expresan de una manera preciosa lo vivido ese día: ¡Aquí estamos! Aquí estamos con lo que somos. Con nuestros talentos y nuestras limitaciones. Con nuestros entusiasmos y nuestros cansancios. Con aquello que ya hemos aprendido y con todo lo que todavía nos queda por descubrir.
Aquí estamos como matrimonio. Aquí estamos como familia. Aquí estamos como curso. Y aquí estamos, Mater, delante de ti.
Hay mucha humildad en ese «aquí estamos», porque quien se consagra sabe también que por nosotros mismos no podemos hacerlo. Necesitamos la gracia. Necesitamos el Santuario. Necesitamos a María. Necesitamos al otro. Y necesitamos una comunidad que nos ayude a permanecer fieles cuando el entusiasmo inicial deja paso a la vida de todos los días. Quizá ahí se encuentre una de las bellezas más profundas de la Federación: nadie está llamado a recorrer este camino solo.

También crece la Federación
La Primera Consagración de estos siete matrimonios es, por supuesto, un acontecimiento importantísimo para ellos. Pero no solamente para ellos. Lo es también para toda la Federación de Familias de Schoenstatt en España. Porque una comunidad no crece únicamente cuando aumenta el número de sus miembros. Crece cuando nuevas familias deciden hacer suyo un camino, asumirlo libremente y aportar a él su propia manera de vivir, sus dones, su historia y su originalidad.
Estos siete matrimonios traen consigo siete historias diferentes. Siete formas de quererse. Siete hogares. Siete familias. Y una misma llamada a hacer de ese amor matrimonial un camino hacia Dios y un instrumento en sus manos. Desde ahora, la Federación será también un poco más aquello que ellos aporten. Sus preguntas, su entusiasmo, sus dificultades, sus talentos, su manera de educar a sus hijos, de vivir la fe, de relacionarse entre ellos y de ponerse al servicio de otros irán enriqueciendo una comunidad que se construye precisamente así: con personas concretas que un día deciden entregar su vida y caminar juntas.
Por eso su Primera Consagración no pertenece únicamente al sexto curso. Es una alegría de todos.
Los hijos también estaban allí
Y había algo especialmente bonito en las imágenes de ese día: los hijos estaban por todas partes. Junto a sus padres en el Santuario, en el jardín, alrededor de la celebración, acercándose al sacerdote, escuchando las guitarras, jugando mientras los mayores intentaban seguir el rito… Puede parecer un detalle pequeño. No lo es. Ellos forman parte de la historia que sus padres están escribiendo. Probablemente algunos son todavía demasiado pequeños para comprender qué sucedió aquel día. Con los años quizá tampoco recuerden las palabras exactas que se pronunciaron. Pero habrán estado allí.
Habrán visto a sus padres rezar juntos. Habrán visto que su matrimonio es algo valioso, algo que merece ser cuidado y ofrecido. Habrán crecido sabiendo que existe un Santuario al que volver y una Mater a la que confiar la vida. Y quizá esa sea una de las formas más hermosas de transmitir la fe: no explicarla solamente, sino dejar que los hijos la vean hecha vida en sus padres
Lo importante empieza ahora
Después llegaron las fotografías, las conversaciones, la música, los abrazos y la alegría de celebrar juntos. Pero una consagración nunca termina cuando termina la ceremonia. En realidad, empieza entonces. Empieza al volver a casa. En una conversación que habrá que cuidar. En una dificultad que obligará a volver a elegirse. En una decisión familiar. En la educación de los hijos. En un momento de cansancio. En una alegría compartida. En una visita al Santuario. En tantas pequeñas cosas que nadie verá y que, sin embargo, irán haciendo realidad aquel «sí».
La Federación se construye ahí. No en los grandes discursos, sino en matrimonios que intentan vivir su vocación con fidelidad en medio de una vida absolutamente normal. Siete matrimonios del sexto curso han dado ahora un nuevo paso. Queda formación. Queda camino. Quedan muchas cosas por aprender y muchas otras que seguramente Dios irá mostrando poco a poco.
Pero aquel día, delante de la Mater y acompañados por sus familias, dijeron algo muy sencillo y, al mismo tiempo, enorme:
Aquí estamos.
Y con su «sí», la Federación de Familias de Schoenstatt en España también se ha hecho un poco más grande, un poco más rica y, sobre todo, un poco más familia.

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