Contemplar para amar
El tiempo de adviento es tiempo para el silencio, para la oración y para la contemplación. En este sentido, Bárbara nos dio un impulso sobre la contemplación como paso previo a la oración contemplativa. La oración es un don de Dios que sale a nuestro encuentro, de tal forma que cuando oramos, entramos en una relación personal muy estrecha con Dios. Gracias a la oración, elevamos nuestro corazón a Dios.
El catecismo habla de cinco formas de orar:
- La bendición. Bendecir es “decir bien” de alguien. Constituye una forma de oración para pedir la bendición de Dios. Nosotros podemos bendecir a otras personas, y de esta forma, las entregamos especialmente al Señor pidiendo el bien que sea posible para ellas.
- La adoración. La adoración es otra forma de oración. Con ella nos postramos ante Dios para conocerle, para amarle, y para sentir nuestra pequeñez y humildad ante él. Mediante la adoración, llegamos al Señor a través del corazón, porque es nuestro amor a Dios lo que nos lleva a adorarle.
- Oración de intercesión. Somos seres necesitados y es Dios quien nos invita a buscarle y a pedirle mediante esta oración. Apelamos a Su corazón misericordioso confiando que nos dé aquello que tanto necesitamos.
- Acción de Gracias y Alabanza. Cuando alabamos, damos gracias a Dios. Decimos: “gracias, Señor, te alabo, Señor”. Con la alabanza a Dios reconocemos su grandeza y le ensalzamos.
- La contemplación. Con la oración de la contemplación, escuchamos la palabra de Dios, nos despojamos de nuestros pensamientos y nos encontrarnos con Su amor.
Contemplar la belleza creada por Dios
La contemplación está muy unida al mandamiento, “amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y amarás a tu prójimo como a ti mismo” y la fe es ante todo una persona que debemos encontrar: Jesucristo. Esto bien lo podemos hacer a través de:
- La naturaleza, y la belleza que nos rodea.
- El amor que Dios nos tiene y que nos invita a conocernos a nosotros mismos, sanando nuestras heridas y sintiéndonos amados por Él.
- Mirar al prójimo con los ojos de Dios para encontrar en él lo que hay de Dios.
- Descubrir la historia que transversalmente recorre a vida y nuestros días, confiando y reconociendo su conducción Divina.
Amar, pensar y vivir orgánico es contemplar
Amar, pensar y vivir orgánico tiene mucho que ver con la contemplación; hace que todo mi amar, mi pensar y mi vivir esté integrado con los valores del Evangelio. Porque somos “un todo orgánico” que quiere amar haciendo lo ordinario extraordinariamente bien. Porque quien piensa orgánicamente tiende a ver las cosas o las personas en su realidad integral. Al mantener la vinculación con el Dios vivo en todas las situaciones, al fin y al cabo, contemplamos.
Y, por último, Bárbara nos habla del “perdón”, del “por favor” y del “gracias”, como una forma de colocar la contemplación en la vida misma.
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La oración contemplativa: recogerse para acercarse al Señor
La hermana María Ignacia nos habló de la oración contemplativa, que también podemos denominar oración del corazón u oración meditativa. Es una oración silenciosa que nos permite entrar en uno mismo, recogerse para acercarse al Señor, que es el que habita en nosotros.
Podemos pensar que la oración contemplativa es una meta muy difícil de alcanzar, e incluso la asociamos a ciertas experiencias de éxtasis. Nada más lejos de la realidad. Se prepara con una actitud de contemplación que hemos desarrollado más arriba. Para iniciar una provechosa oración contemplativa es bueno ponerse en una posición estable y en un lugar tranquilo que nos ayude en esta interiorización. El silencio nos permitirá recibir la presencia de Dios. Porque sentir su presencia es todo un regalo.
Dificultades del hombre para vivir en armonía
Byung Chul Han, filósofo surcoreano, en su libro “Vida contemplativa”, aborda la oración contemplativa desde el punto de vista filosófico. Señala las dificultades que encuentra el hombre para vivir en armonía.
Pone en valor la “inactividad” como una necesidad para que el hombre de hoy en día pueda volverse auténticamente humano. Describe las consecuencias que tiene en el hombre la hiperactividad. Si no tenemos momentos de interrupción, no podremos recuperar el sentido de nuestras vidas, el equilibrio y la riqueza interior. ¿Cuál es la solución? La inactividad. Nos muestra los beneficios de la inactividad, que debe incluir momentos contemplativos.
La vida de San Pablo es Jesús
La tremenda capacidad apostólica del apóstol se fundamenta en esa experiencia contemplativa de su encuentro con Jesús. Esto le hace anunciar el Evangelio. Jesús es experiencia. Y lo importante es llegar a esa experiencia de Jesús en nuestra vida.
En el libro “La entrega contemplativa” del padre Kentenich dice que para la oración contemplativa hay que poner en juego todas las facultades interiores de nuestra alma: descansar la razón, descansar el corazón y descansar la voluntad, y recogernos en el objeto de nuestra contemplación, que es acercarse a Dios.
Como miembros de la federación, el ideal de hombre nuevo nos lleva a forjar una cultura nueva. Y para llegar a ello, es imprescindible desarrollar una capacidad para la oración contemplativa. ¿Hago silencio, disfruto con él o a veces me perturba?
La oración contemplativa no tiene objetivos, el fin va a ser un regalo de Dios. Contemplemos al Dios que hay en nosotros y hablemos en el matrimonio de esa experiencia de Dios en nosotros.
En el contexto de la Navidad, los Reyes Magos de Oriente siguieron la estrella para tener ese encuentro con Jesús y adorarle. En este tiempo de Adviento, dejemos espacio para que Dios entre en nuestra oración.
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