El pasado 12 de enero tuvo lugar la conferencia sobre la eutanasia y a favor de la vida. Los ponentes fueron dos profesionales de muy distintas ramas, la médica y la jurídica, que abordaron la eutanasia desde estos dos ámbitos, siempre en defensa del más débil. Ricardo Martino, pediatra, profesor de universidad privada (ANECA) y miembro de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos Pediátricos, y Pablo Crevillén, abogado del Estado de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales.
Uno de los hechos que permite a los arqueólogos identificar un grupo humano con algún tipo de desarrollo cultural, es descubrir enterramientos donde el muerto ha sido colocado de determinada manera y acompañado de objetos. Es decir, cuando se cree que la vida no termina con la existencia terrenal.
Y es que la muerte es la gran pregunta que se le plantea al ser humano sobre el sentido de su existencia y a la que tratan de responder las religiones y los distintos sistemas filosóficos.
Nuestra sociedad occidental no parece muy interesada en el tema. Vivimos en un mundo en el que lo que prima es la satisfacción de los deseos y la mercantilización de todo: del cuerpo, del trabajo, del sexo, del ocio, de la propia persona… Todo se puede comprar y vender. Vivimos en un gigantesco Disneyland en el que se muestra la alegría, la luz, la música, las atracciones y se oculta lo desagradable; y lo más desagradable es la muerte porque acaba con la fiesta del consumo.
La muerte, para generaciones anteriores, era un acontecimiento social y familiar. Ahora es algo privado que se «esconde» en establecimientos especialmente destinados a ello y respecto de lo que hay que pasar página rápidamente.
No obstante, la muerte no se puede evitar. Hay quien piensa que puede tener algún poder sobre ella con la eutanasia y el suicidio asistido. Así, al menos, el momento concreto puede elegirse.
En España, entró en vigor el 25 de junio de 2021, Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia. Entramos a formar parte de un corto número de países que permiten a los médicos matar a sus pacientes a petición de estos.
Normalmente, tras la oposición a un proyecto de ley que acaba con los consensos básicos que habían funcionado en la sociedad, los opositores tienden a un repliegue pesimista y a dar por concluido el debate.
Es ahora cuando hace falta mostrar que, ante una enfermedad de mal pronóstico a corto o largo plazo, o una situación que limita la movilidad y la capacidad de relación, el suicidio y la eutanasia no son la única alternativa.
Los cuidados paliativos tratan el dolor, lo que es muy importante, pero no lo único. Persiguen dar contenido a la vida de la persona en todas sus dimensiones y apoyo a la familia. No se preocupan de la muerte, sino del tiempo que el enfermo tiene por delante. En la charla que se enlaza más abajo, uno de sus mejores especialistas nos da más detalles. Si tenéis tiempo vale la pena.
Otra cosa que está en nuestras manos, es nuestra capacidad de decisión. En medicina, se ha pasado de un modelo paternalista, en el que el médico decidía unilateralmente lo que era mejor para el paciente, a otro, en el que la autonomía de éste se respeta a la hora de instaurar o retirar un determinado tratamiento.
Una manifestación de esta libertad, es el documento de voluntades anticipadas. Con él, no se trata sólo de pedir o rechazar la eutanasia, sino de expresar cómo queremos ser tratados médicamente, en el caso de que, llegado el momento, no estemos en condiciones de manifestarlo.
La segunda parte de la charla se dedica a explicar en qué consiste el documento y da algunos consejos sobre lo que hay que tener en cuenta.
Si no pudiste verla, te la dejamos a continuación:
Conferencia sobre la eutanasia.
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